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Monstruos
Sábado, 16 de marzo de 2002
VICENTE VERDÚ
Un millón de personas se suicidan cada año en el mundo. La noticia, no
obstante, es que cada vez se suicidan menos. Históricamente quienes en mayor
proporción se daban muerte habitaban en países adelantados porque a los
individuos de los países más atrasados la miseria y la guerra no les daba
tiempo a escoger. En Occidente se suicidaban, especialmente, los nórdicos,
personajes de Igmar Bergman que conferían a la decisión de matarse una
hermosura cultísima. En realidad, los países capitalistas podían medir su
nivel de vida y educación por la tasa de suicidios anuales mucho más que por
cualquier otro coeficiente de riqueza. Quitarse la vida era un lujo unido a una
máxima condición intelectual. Sólo los muy lúcidos eran capaces.
Ahora, sin embargo, los estudios indican que va decreciendo en las mismas
zonas avanzadas ese destello superior. En una isla de Suecia monitorizada
sanitariamente por el doctor Sudbury se han reducido dos terceras partes los
suicidios gracias a la vigilancia de un equipo que administra oportunamente
fármacos como el Zoloft, el Prozac o el Citalopram. La gente deja pronto de
sentirse inclinada a destruirse y comienza vulgarmente a sonreír.
Implacablemente, en Occidente, no transformando nada importante, aumenta la
felicidad al compás de los antidepresivos. Erich Fromm sostenía hace cincuenta
años que el Estado estaba interesado en gobernar sobre ciudadanos tristes
porque así 0era más fácil su manipulación. Al ciudadano triste y deprimido
se le suponía de escaso aliento para protestar. Pero ¿qué decir de los que
son felices? ¿No protestarán todavía menos?
La película Monstruos, SA, actualmente en todos los cines de España y el
mundo globalizado, sostiene la tesis de que es mejor obtener las energías de la
risa que del llanto, antes de las carcajadas que de los aullidos provocados por
los sustos. La empresa Monsters Inc., en representación del poder, descubre, en
suma, que saca mucho más rendimiento económico haciendo a los niños felices
que desdichados. Lo mismo que parece haber concluido la autoridad sanitaria
sobre la idea disciplinaria de Foucault. A más serotonina menos subversión.
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